... y porque el pueblo cree que su dolor es necesario?.”
“El viejo truco de pobres contra pobres”
En cada crisis aparece el mismo mecanismo: cuando la desigualdad se profundiza, intentan que miremos al costado en vez de mirar hacia arriba. Es el viejo truco de enfrentar a quienes viven las mismas urgencias, las mismas carencias, los mismos miedos. Un truco que busca que los de abajo se confundan entre sí, mientras los de arriba siguen intactos y disfrutando de privilegios.
La pobreza no es una sola. Hay quienes cayeron hace poco y quienes cargan con décadas de exclusión. Hay quienes sostienen trabajos que ya no alcanzan y quienes sobreviven en la informalidad. Hay quienes reciben asistencia y quienes no llegan a recibir nada. Esa diversidad, que debería ser punto de encuentro, se convierte en terreno fértil para la desconfianza. Nos enseñan a sospechar del vecino, no del sistema que produce la desigualdad.
Y así, la vida cotidiana —hecha de urgencias, de changas, de alquileres imposibles, de hospitales saturados— se vuelve un campo de competencia por migajas. En ese desgaste, en ese cansancio, se cuelan discursos que señalan al otro pobre como amenaza. Discursos que justifican recortes, que fabrican enemigos internos, que distraen del verdadero problema: la concentración de poder y riqueza.
El enfrentamiento entre pobres NO ES UN ACCIDENTE. ES UNA HERRAMIENTA. Funciona porque simplifica lo complejo, porque ofrece culpables a mano, porque evita que miremos hacia donde realmente debemos mirar, que es hacia los de arriba, y cuando decimos hacia los de arriba, no nos referimos al vecino emprendedor o empresario PYME, sino más bien, a las familias y empresas más poderosas, varias de ellas extranjeras. Funciona porque nos separa JUSTO CUANDO MÁS NECESITAMOS ESTAR JUNTOS.
En el NPPA elegimos otro camino. No negamos el conflicto: lo nombramos. No romantizamos la pobreza: la enfrentamos. No aceptamos que nos dividan: construimos comunidad. Sabemos que la pregunta que incomoda al poder es simple y directa:
¿Quién gana cuando se pelean pobres contra pobres?
En la Argentina de hoy se despliega un fenómeno que no es nuevo, pero sí muy crudo: los sectores más castigados por el ajuste son, paradójicamente, quienes muestran MAYOR APOYO Y TOLERANCIA. No porque las medidas los favorezcan, sino porque el sistema político y mediático lleva años preparando el terreno para que cualquier FALSA propuesta “anti‑casta” aparezca como salvación, incluso cuando reproduce los intereses más viejos del poder económico.
La frustración acumulada con gobiernos anteriores dejó un vacío emocional profundo. Ese vacío fue ocupado por un discurso que se presenta como ruptura, como salvador, pero que en realidad es la continuidad más disciplinada del poder real. La clave no está en las medidas, SINO EN EL RELATO: SE CONSTRUYE UNA ÉPICA DEL SACRIFICIO DONDE EL SUFRIMIENTO SE VUELVE VIRTUD, DONDE AGUANTAR ES SINÓNIMO DE PATRIOTISMO, DONDE LA POBREZA SE TRANSFORMA EN PRUEBA DE LEALTAD.
En ese marco, la “baja de la inflación” funciona como un TRUCO NARRATIVO, NO COMO UN ALIVIO REAL.
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Como puede ser que la inflación baje, pero la vida sea cada vez más cara, como carajo puede ser…!!!. Se celebra una desaceleración que no mejora la vida cotidiana, pero que sirve para sostener la idea de que “el rumbo es correcto”. El poder real no necesita que la gente viva mejor: necesita que CREA QUE ESTÁ MEJOR, que está transitando por el camino correcto y que es inevitable, y donde cuestionar es traicionar.
Mientras tanto, la derecha radicalizada aplica su libreto histórico: desempleo, salarios pulverizados y precarización estructural. Y ese deterioro no es un efecto secundario: es un mecanismo de control. Cuando la gente trabaja más horas por menos plata, cuando llega a su casa agotada, cuando la energía emocional se consume en sobrevivir, se reduce la capacidad de análisis, de organización y de resistencia. El cansancio es una herramienta política. El agotamiento es una forma de disciplinamiento.
El poder real lo sabe. Por eso administra la atención pública con precisión quirúrgica: instala enemigos imaginarios (tiradores de bombas molotov, que no son mas que policias o servicios) genera escándalos calculados (las nara, los therian, la afa, etc. etc. etc.), distrae con polémicas que no cambian nada. La agenda se vuelve un torbellino donde lo urgente tapa lo importante, donde la indignación se consume en redes y no se transforma en acción colectiva.
El ajuste sobre las universidades no es un recorte técnico: es un ataque político. En el caso El presupuesto universitario, se busca desfinanciar el pensamiento crítico, disciplinar a las instituciones que producen conocimiento y debilitar a los espacios donde se forman las generaciones que podrían cuestionar este modelo. Cuando se asfixia a la universidad pública, lo que se está intentando es reducir la capacidad del país de pensar por sí mismo. Un pueblo sin educación es un pueblo más fácil de gobernar.
En este contexto, un pueblo exhausto (Física y mentalmente) es más fácil de conducir hacia cualquier relato que prometa orden, aunque ese orden sea apenas una fachada para profundizar la desigualdad.
Cuando alguien reduce toda la discusión política a un mantra vacío —“la chorra era peor que éste”— ya no estamos ante un debate: estamos ante una paparruchada. Y contra esa paparruchada no hay evidencia que alcance. Podés ponerle los números en la cara, mostrarle indicadores, decisiones, consecuencias… da igual. Si la única columna vertebral del argumento es un prejuicio, entonces no hay razonamiento posible: hay un dogma.
Ese mecanismo es viejo como la historia. La negación de las pruebas, incluso cuando son irrefutables, es una herramienta para justificar lo que ya se decidió creer. Es el mismo reflejo que aparece en el relato del juicio a Jesús: aun siendo inocente, aun sin pruebas que sostuvieran la condena, la multitud prefirió sostener su ficción antes que aceptar los hechos… ELIGIO A BARRABAS! No porque faltaran evidencias, sino porque la sentencia estaba escrita de antemano.
Cuando la política se discute desde ese lugar —desde la devoción irracional, desde el odio como brújula— no hay argumento que valga. No es que no entiendan los datos: es que renunciaron a considerarlos. Y frente a eso, lo único que queda es señalarlo con claridad, “ahí no hay nada que hacer, si el único fundamento es que la chorra era peor que éste, ahí no podemos hacer nada, porque el sujeto está convencido de que fue así, no importan los números ni las evidencias ni los fundamentos.
A quienes votaron a Milei
Los hechos son claros:
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Corrupción: Argentina cayó del puesto 99 al 104 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International en 2025, compartiendo lugar con países como Belice y Ucrania. Eso significa más casos, menos transparencia.
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Economía: inflación que no cede, salarios pulverizados, cierre indiscriminado de fábricas, pobreza en aumento.
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Contradicciones: prometió “menos Estado”, pero multiplicó asesores y privilegios para los suyos.
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Cuando subió el combustible, ¿qué dijeron? Que era culpa de las petroleras, que era el mercado, que era la “herencia”. Pero la verdad es simple y contundente: LO QUE AUMENTÓ FUE EL IMPUESTO QUE COBRA EL ESTADO POR CADA LITRO, el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono. NO SUBIÓ LA EXTRACCIÓN, NO SUBIÓ EL TRANSPORTE, NO SUBIÓ LA REFINACIÓN. SUBIÓ EL IMPUESTO. PUNTO.
No es relato: son números. Lo que se prometió no coincide con lo que se vive.
A quienes resisten:
Hoy nos quieren convencer de que el apoyo al gobierno de Milei es masivo, espontáneo, inevitable. Pero no nos confundamos: ese apoyo no nace solo. Lo fabrican. Lo inflan. Lo multiplican los mismos medios que siempre trabajaron para el poder económico, los mismos que aplaudieron a Menem mientras privatizaba/regalaba el país, los mismos que aplaudieron a videla, galtieri y otros, y son los mismos que blindaron a De la Rúa hasta el último minuto antes de que el helicóptero despegara.
Y hoy hacen exactamente lo mismo: construyen un clima, un relato donde el ajuste es virtud, el sufrimiento es madurez y la resignación es patriotismo. Nos muestran a cuatro personas apoyando al gobierno y lo presentan como si fuera un país entero.
Y aun así, ¿quiénes defienden al gobierno?
Justamente los sectores más golpeados, los que ven cómo su salario se evapora, los que pagan el combustible más caro, los que viajan más lejos y más caro por un trabajo, los que trabajan más horas. No porque estén mejor, sino porque los medios les venden una fantasía aspiracional: la idea de que apoyar al ajuste es “estar del lado correcto”, aunque ese lado correcto los deje afuera.
La verdad está en la mesa de cada familia, en el bolsillo de cada trabajador, en el precio de cada litro/kg que pagamos. Y esa verdad no la pueden tapar NI CON CIEN TITULARES, NI CON MIL PANELISTAS!!!
No nos dejemos disciplinar por el ruido. No confundamos propaganda con realidad. No aceptemos que nos digan que el sacrificio es inevitable mientras ellos multiplican ganancias y nos piden paciencia.
NO FUE UNA VICTORIA APLASTANTE NI UN MANDATO HISTÓRICO: MILEI SACÓ APENAS EL 41% DE LOS VOTOS. ESO SIGNIFICA ALGO, EL 59% DEL PAÍS ELIGIÓ OTRA OPCIÓN. LA MAYORÍA NO LO ACOMPAÑÓ.
SIN EMBARGO, CIERTOS MEDIOS Y OPERADORES QUIEREN INSTALAR DERROTA, RESIGNACIÓN Y SILENCIO. QUIEREN QUE COMPREMOS LA IDEA DE QUE “YA ESTÁ”, QUE SOMOS UNA MINORÍA SIN FUERZA. NO ES CASUAL: CUANDO NO PUEDEN CONVENCER, INTENTAN QUEBRAR EL ÁNIMO.
Y mientras tanto, según diversos análisis, el gobierno busca legitimidad afuera que no consiguió adentro. El guiño político de ESTADOS UNIDOS ES PRESENTADO COMO UN AVAL GLOBAL, COMO SI UN RESPALDO EXTERNO PUDIERA REEMPLAZAR EL APOYO QUE NO OBTUVO EN LAS URNAS. Pero ningún aplauso extranjero tapa un dato básico: acá, en este país, la mayoría votó otra cosa.
La realidad es incómoda para quienes necesitan un pueblo arrodillado: somos más, estamos despiertos y no nos van a correr. No nos derrotaron; apenas ganaron una elección con un piso frágil y un techo bajísimo.
La resistencia no es un gesto simbólico: es un hecho político. Y eso les duele.
Aquí en el NPPA, no criticamos, entendemos y tratamos de recuperar la capacidad de pensar, de organizar, de actuar. Decimos lo que el poder real intenta ocultar: decimos que este ajuste indiscriminado, es el destino final de este gobierno, que la resignación no es una virtud, y que la lucha contra la casta es la mentira más grande jamás creada (por este gobierno) y creída por el pueblo argentino.
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