Es pura crueldad, maldad, deshumanización y cobardía.
No es ajuste. No es orden. No es eficiencia. Es una decisión brutal: recortar donde menos pesa en el Excel y más duele en la vida real.
El financiamiento de la discapacidad en Argentina representa una porción mínima del PBI. Ínfima, marginal, tan chica que no mueve la aguja fiscal, pero sí destruye la vida cotidiana de miles de familias. Entonces la pregunta no es técnica y pasa a ser moral: ¿qué clase de gobierno elige hacer equilibrio fiscal sobre la espalda de quienes no tienen margen?
Porque mientras se recorta ahí, la Argentina sigue generando recursos. YPF produce y vende, factura miles de millones. LOS IMPUESTOS A LOS COMBUSTIBLES AUMENTARON DE FORMA SOSTENIDA Y RECAUDARON CIFRAS GIGANTESCAS. Las exportaciones crecieron, ingresaron dólares, hubo más actividad en sectores clave. Plata hay, pero no aparece donde debería, es más, no aparece.
No aparece en terapias. No aparece en prestaciones. No aparece en las rutas (que para eso es el impuesto a los combustibles). No aparece en inclusión. No aparece en transporte. No aparece en acompañantes terapéuticos. No aparece en centros de día. No aparece en las jubilaciones. No aparece en la ley de financiamiento universitario. No aparece en la vida concreta de quienes dependen del Estado para no quedar afuera del sistema, no aparece en las cuentas fiscales, porque la deuda sigue creciendo.
La pregunta es: ¿DÓNDE ESTÁ ESA PLATA?
El relato oficial habla de orden y responsabilidad. Pero cuando se mira el otro lado del balance, LA DEUDA NO DESAPARECE: CRECE (solo hay que ver los datos oficiales del indec, o simplemente preguntarle a la I.A). ¿Porque el ajuste cae sobre los más débiles e indefensos? o nos van a decir que todos tienen «radiografías de colas de perro», ah, dicho sea de paso, plata para las propiedades de ladrorni si hay?.
ESTO NO ES UN PLAN ECONÓMICO. Esto es una masacre, una matanza, una carnicería, un exterminio, un aniquilamiento. Pero sí hay para bajar impuestos a yates, autos de alta gama, motos, etc.
Y lo más grave no es solo el recorte. Es la lógica, es la idea de que la discapacidad puede esperar, que puede achicarse.
Cada peso que se recorta en discapacidad no es un número: es una terapia que se pierde, una familia que se desborda, una persona que retrocede en su autonomía. Es exclusión concreta, medible, cotidiana.
No es ignorancia. No es error. Es una elección. Y elegir ajustar sobre la discapacidad, pudiendo no hacerlo, no es austeridad: es crueldad y cobardía. Y eso vuelve a la misma pregunta de fondo: SI HAY RECURSOS para resignar recaudación en sectores de alto patrimonio, ¿cómo puede ser que no haya recursos para sostener derechos básicos en discapacidad? No es falta de plata, es elección política, entonces cuando la elección es proteger privilegios mientras se recortan derechos esenciales, ya no estamos frente a un problema técnico, ESTAMOS FRENTE A UNA GRAVE INJUSTICIA.
Atte. nppa.