Rompiendo el ciclo de la normalización
Aunque la normalización de la opresión es un proceso insidioso, no es irreversible. La conciencia crítica, el acceso a la educación y la organización colectiva son herramientas poderosas para desenmascarar estas dinámicas y empoderar a los oprimidos. La historia está llena de ejemplos de movimientos sociales que han logrado romper ciclos de opresión y construir un nuevo sentido de justicia y dignidad.
En última instancia, entender y comprender cómo se normaliza la opresión es el primer paso para desafiarla.
Cuando los oprimidos se rebelan: el estigma de la violencia
A lo largo de la historia, los momentos de rebelión de los pueblos oprimidos han sido fundamentales para desafiar sistemas de injusticia profundamente arraigados. Sin embargo, estas rebeliones casi siempre enfrentan un obstáculo adicional: el estigma de la violencia que se les atribuye, con frecuencia usado como herramienta para desacreditarlos y sofocar su causa.
El doble estándar de la violencia: Cuando los poderosos recurren a la violencia para mantener el control, esta se racionaliza bajo el pretexto de «seguridad», «orden», «Libre tránsito» o «defensa de la estabilidad». En cambio, cuando los afectados por los ajustes se levantan y actúan para reclamar derechos básicos, cualquier acto de resistencia se define automáticamente como una amenaza violenta. Este doble estándar perpetúa la narrativa de que los poderosos tienen la legitimidad para usar la fuerza, y la represión, mientras que los débiles no tienen derecho a rebelarse y/o expresarse.
La narrativa del «peligro» social: Los movimientos de resistencia suelen ser presentados como caóticos, desestabilizadores o incluso terroristas. A través de estas etiquetas, los afectados por polítcas de extrema derecha son deshumanizados y sus demandas legítimas son eclipsadas por la preocupación por su supuesto peligro. Esta narrativa desvía la atención del contexto real de opresión y convierte la lucha por justicia en una cuestión de «controlar a los violentos».
La criminalización de la resistencia: Los actos de protesta, incluso pacíficos, son reprimidos con fuerza desproporcionada (gases, escopetas, camiones hidrantes) y se convierten en actos punibles. Los líderes y participantes de los movimientos suelen ser encarcelados, acosados o eliminados bajo la acusación de fomentar el caos. Esta criminalización no solo limita la acción inmediata, sino que también busca desmovilizar futuros levantamientos.
La perpetuación del estigma: La violencia atribuida a los sectores perjudicados de siempre (jubilaciones, educación, salud, ciencia y tecnología, artes) tiende a ser exagerada o manipulada por quienes controlan los medios de comunicación. Al monopolizar la narrativa, los poderosos buscan consolidar su posición y justificar acciones represivas. Esto perpetúa la idea de que las rebeliones siempre son destructivas, cuando en realidad son respuestas a años de violencia estructural.
Resistencia frente al estigma
A pesar de estas tácticas, los movimientos de resistencia han demostrado que la lucha puede trascender el estigma de la violencia. Es crucial para los oprimidos adoptar estrategias que revelen la violencia sistémica a la que han sido sometidos y que desarmen las narrativas impuestas por los poderosos. La resistencia pacífica, el uso de la comunicación transparente y la construcción de alianzas globales son herramientas clave para contrarrestar este estigma.
En última instancia, la verdadera pregunta no debería ser por qué los oprimidos se rebelan, sino por qué se les obliga a hacerlo. La violencia no comienza en la rebelión; ya existía en la opresión que la originó. Cambiar esta perspectiva es esencial para construir un mundo donde la lucha por justicia no sea vista como una amenaza, sino como una afirmación legítima de dignidad.
A partir del 10 de diciembre del año 2023, la Argentina sufrió los actos más violentos de los úñtimos 40 años. A saber: Violencia verbal (milei), violencia física (bullrich), violencia económica (caputo), violencia jurídica (corte suprema), violencia, siempre violencia.