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Sobran contradicciones

El relato vs. los datos.

El gobierno de javier milei ha construido su identidad política sobre la crítica al Estado, a “la casta” y a las políticas públicas que, según su visión, distorsionan la economía. Sin embargo, cuando se observa la gestión, aparecen tensiones claras entre el discurso y la práctica.

Por un lado, se cuestiona la reestatización de YPF como símbolo de intervención «COMUNISTA» del estado. Pero en los hechos, YPF continúa siendo un actor central para sostener la producción energética y el equilibrio macroeconómico. La crítica ideológica no se traduce en una alternativa concreta que reemplace su rol estratégico. 

En la misma línea, se desacreditan políticas sociales como la Asignación Universal por Hijo, (la idea original de un «ingreso ciudadano por niñez» surgió años antes de proyectos presentados por Elisa Carrió y economistas del CIEPP.) impulsada durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Los datos oficiales indican un aumento nominal acumulado superior al 490% entre diciembre de 2023 y fines de 2025. La realidad social obliga a sostener mecanismos de contención. He aquí uno de los impulsores de la baja de la pobreza, NO fué el mercado, es la asistencia.

También se plantea una defensa irrestricta del libre mercado, pero en la práctica se observan intervenciones concretas. Un ejemplo claro es el de las negociaciones salariales: lejos de ser completamente libres, las paritarias aparecen condicionadas o “PISADAS”, lo que implica una forma «CLARA» de intervención directa sobre acuerdos entre privados. Esto contradice el principio de libertad que se promueve discursivamente. 

Algo similar ocurre con los precios y las tarifas. Mientras se sostiene la idea de liberar la economía, los aumentos en servicios esenciales impactan de manera directa sobre el poder adquisitivo, generando una presión insostenible sobre las clases media, media baja y baja. La “libertad de mercado” no opera en igualdad de condiciones cuando amplios sectores quedan fuera de esa lógica. 

En materia inflacionaria, el discurso plantea que el ajuste ordena la economía y reduce los precios. Sin embargo, en el corto plazo, la caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo y la recesión muestran que estabilizar no es lo mismo que mejorar las condiciones de vida. La macro puede ordenar números, pero la micro define la realidad cotidiana. 

Respecto al tipo de cambio, se promueve una visión de mercado libre, pero la administración de variables cambiarias sigue siendo una herramienta clave. La economía real no funciona sin cierto grado de regulación, aunque el discurso lo niegue. El «CEPO» sigue existiendo para las empresas. 

En el plano del empleo, se impulsa la idea de flexibilización como motor de crecimiento, pero la incertidumbre económica y la caída de la actividad generan el efecto contrario: menos empleo o empleo más precario, mucho, mucho UBER. La promesa de dinamismo choca con una realidad más restrictiva y destructiva. 

Se impulsa un ajuste profundo del gasto público como condición para ordenar la economía, pero ese ajuste convive con tensiones sociales crecientes que luego requieren respuestas del propio Estado. Reducir sin contemplar consecuencias no elimina el problema, lo transforma. 

Milei llegó al poder prometiendo dinamitar la política tradicional. Denunció la rosca, los acuerdos espurios y el uso de la chequera del Estado como herramientas de una casta que —según él— solo buscaba perpetuarse. Pero una vez adentro, el discurso empezó a chocar con la realidad… y a parecerse demasiado a aquello que juró destruir. Hoy, para sostenerse, negocia con los mismos sectores que señalaba, acuerda con quienes antes acusaba y utiliza los resortes del poder —incluida la billetera estatal— para ordenar voluntades y garantizar gobernabilidad. Exactamente lo que decía venir a terminar. La transformación no es del sistema, sino del relato: lo que antes era “corrupción de la política”, ahora es “necesidad de gestión”. Lo que era casta, hoy es aliado. Lo que era inaceptable, hoy es herramienta.

La verdadera discusión no es Estado sí o Estado no, sino qué Estado, con qué herramientas y al servicio de quién.

"PARA VIVIR MEJOR, HAY QUE SER MEJOR"

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